jueves, 31 de mayo de 2012

CAFE DE LA ESQUINA


Ubicado en la Avenida del Libertador 6196 esquina Olazabal. A solo cuatro cuadras de la estación Belgrano y de las Barrancas, a dos del corazón del Barrio Chino, se ubica este bar notable, muy lindo para trasnochar.
Antiguamente, en el lugar funcionaba El  “O5·” uno de los más famosos y paradores de bebedores empedernidos y mujeres de vida ligera, que será recordado y añorado por más de un sesentón del barrio de Belgrano.
Corría el año 1983 y gracias al trabajo artesanal que realizaron los dueños originales de “El Café”, el local fue restaurado y decorado como un típico Café de 1830, convirtiéndose en el original y agradable espacio actual. Las paredes del lugar están adornadas por innumerables cuadros y objetos antiguos.Buenísimo!!!
Compartimos un clerico de sidra, con papas fritas, maníes y capuccino.
Noche de amigos y charlas agradables junto a los Barreyro.









RESTAURANTE CLUB HUNGARIA


Dentro de la asociación húngara en la Argentina ubicada en el Pasaje Juncal 4250 en Olivos funciona este restó.
Solamente por alguna recomendación se puede encontrar este lugar, ya que está ubicado en un pasaje que casi no se transita.
Al llegar a la asociación se abre un inmenso portón de madera que da a un pequeño hall y mediante otra puerta se accede a dos enormes salones ( uno de ellos con un gran escenario),muy parecidos a lo que serían los comedores de un club. El ambiente es muy limpio auque austero, la atención amable pero la verdadera estrella del lugar es la comida.
El lugar es muy concurrido, ya que se come muy bien, casero, abundante y se paga lo justo.
Para empezar pedimos langos (las figasas fritas húngaras), luego pedimos una parrillada húngara( panceta ahumada, chorizo colorado, costilla de cerdo y lomo, todo esto grillado y acompañado de una ensalada agridulce de repollo y papas fritas). Seguimos con un cordero a la Transilvania ( trozos de cordero guisado acompañado de ñoquis húngaros), goulash de cerdo ( trozos de cerdo guisado con ñoquis húngaros) y por último un pollo deshuesado, grillado con crema de espinacas y arvejas.
No pudimos dejar de probar el típico postre húngaro que es la Dobostorte, que son capas de bizcochuelo muy finas con crema moka y caramelo sólido, una barbaridad!!.
Tomamos un vino blanco importado de Hungría el Tokaji 2009, algo totalmente diferente, que nos hizo acordar algo  al Tocai friulano.
Salimos muy contentos y llenísimos de haber pasado una excelente velada con nuestros amigos Los Barreyro.


viernes, 25 de mayo de 2012

CONFITERA "LA PERLA"


Una tarde lluviosa de mayo del 2012 empezamos uno de los acostumbrados periplos gastronómicos , empezamos a la tarde en La Perla seguimos en una degustación en Cabernet de Palermo y terminamos cenando en La Casa Polaca
La Perla tiene una historia personal para los dos que aquí no voy a contar si voy a escribir algo sobre este recientemente nombrado bar notable
Era el lugar de reunión  en la decada del 20 de

Una caterva de jóvenes veinteañeros llenos de pasión por escribir, hacer música, pintar. Pasan noches enteras discutiendo y mostrándose los escritos, las ideas. Huyen de sus padres, de sus familias formales, del mundo árido de las academias artísticas y literarias…Sueñan con un mundo distinto, con crearse un lugar distinto, con un arte que se parezca más a la vida. Leen a los poetas ultraístas, a los poetas chinos de la Dinastía Tang, a Lao Tsé y su Tao Te King, investigan complicados libros esotéricos, adoran la “Misteriosa Buenos Aires” y sus poetas lunfardos, quieren crear nuevas formas de hablar y de expresarse, quieren tener la Visión Pura.
Esos jóvenes, que se reunían en La Perla del Once en los primeros años de la década de 1920, eran Borges, Xul Solar, Raúl Scalabrini Ortiz, Leopoldo Marechal y algunos otros. Los atraía la figura magnética de Macedonio Fernandez, un escritor y vagabundo mucho mayor que ellos, que los asombraba con sus elucubraciones metafísicas y los estimulaba a pensar fuera de los cánones establecidos. En el velorio de Macedonio, treinta años después, Borges recordaría que "La certidumbre de que el sábado, en una confitería del Once, oiríamos a Macedonio explicar qué ausencia o qué ilusión es el yo, bastaba, lo recuerdo muy bien, para justificar la semana". En esa misma ocasión, Scalabrini Ortiz destacó "en qué medida fue la de Macedonio una inteligencia destinada al milagro permanente de revelarnos zonas de la emoción, paisajes del espíritu".

Ya en la década del 60 el rock nacional empezó a nacer. En La Perla no sólo se compuso “La Balsa”, también “Jugo de tomate” y el lado B del primer simple de Tanguito, “El Hombre Restante”, con letra de Javier y música de Tango, sobre el último hombre que queda vivo en un mundo en el que estalló la guerra nuclear, paranoia constante de esos años. Y se escribieron muchos temas más, como bien recuerda Litto Nebbia en el libro de Pintos sobre Tanguito: “En esas guitarreadas era increíble la cantidad de canciones que surgían, escritas por Javier, por Tanguito, por Moris, por mí.”
Probablemente los contertulios de los años veinte no descubrieron las virtudes acústicas del baño de La Perla, porque, salvo Macedonio, no eran guitarreros, y sólo Xul Solar desarrollaría después una faceta musical como parte de sus exploraciones místicas. Los de los sesenta, imposibilitados de entrar en un estudio de grabación, guitarristas y cantantes de calle y plaza, descubrieron en el baño de La Perla la posibilidad de aullar a todo volumen o hacerse coros a si mismo aprovechando la “cámara de eco” natural que proveen los azulejos. Por eso “La Balsa” fue iniciada en ese baño, en una de las tantas divagaciones musicales de Tanguito sentado en el inodoro, escuchando fascinado las armonías que producía su rasgueo en el pequeño cubículo.
 En ese periodo Javier pasaba horas inventando un nuevo idioma, imponiendo palabras como “copar”, “la pálida”, o frases coloquiales del estilo de “¿Cómo viene la mano?” Javier tenía la teoría de que había que crear un nuevo lenguaje, que reflejara nuestra visión del mundo. Quería imponer nuevas medidas de tiempo (un “senever”, que es desde que te levantas hasta que te levantas la próxima vez, que puede tomar cuatro horas o tres días) y de distancia (un “cansancio”, que mide desde que empezás a caminar hasta que te cansás, cosa que depende de tu estado y varía continuamente). Javier insistía con que había que tener medidas “más humanas”, que no dependieran del “metro patrón” que está en un museo de París. Muchos años antes, Xul Solar se encerraba desarrollando la “Panlingua” (el idioma de los idiomas), para lograr una comunicación natural.
  Es hermoso tomar una merienda en el mismo espacio donde todo esto ocurrió. Fue una merienda completa con café con leche, tostadas con manteca y dulce, huevos revueltos , jamón y queso y medialunas.
Buena experiencia!!!!




LA CASA POLACA


Esta ubicada en la calle Jorge Luis Borges 2076. Funciona dentro del edificio de la Unión de Los Polacos de la República Argentina fundada en 1948.Esta asociación difunde la cultura de Polonia, dicta clases del idioma y se enseña las danzas de este país.Tiene de entrada un portón muy amplio, a la izquierda un hermoso salón y en el fondo un bellísimo patio detrás del cual funciona el restó “ la casa polaca”.con su frente todo vidriado, impecable decoración, donde predomina el color azalea.
El dueño del lugar llamado Antos te recibe muy efusivamente y las palabras le brotan solas, parece tener siempre una frase para la ocasión.
Para empezar pedimos polmisek wedlin ( tabla de fiambres polacos)compuesta por lomo ahumado, Cracovia, rosca polaca ,lever y pepino agridulce.  De plato principal probamos pierogi que es la tipica pasta rellena polaca, en esta caso rellena de papa y  queso blanco con una salsa de crema, cebolla y chicharrones de panceta. De postre compartimos una torta polaca de manzana asada con helado.
La atención es excelente, los productos muy buenos , pero a mi gusto es un poco caro. Pero igual vale la pena conocerlo!!!!!!

lunes, 21 de mayo de 2012

LQF, conos de pizza


Local de franquicia para comer de parado ubicado en la avenida Corrientes al lado del Teatro San Martín, antes de ir al teatro, nos comimos un cucurucho de pizza de fugazeta y calabresa

BAR IBERIA


En su libro “Conflictos y armonías en la historia argentina” (Primera Edición 1980) escribió Félix Luna: “... la Argentina era mucho más española hace cuarenta años que en la actualidad. En consecuencia, las noticias de la península se presentaban en primera página para responder a una expectativa que los españoles residentes y sus hijos alimentaban con una emotividad que aumentaba a medida que allí los sucesos se fueron tornando más dramáticos a partir de 1931. (...) Los argentinos siempre habían participado en los grandes enfrentamientos españoles y ahora, en 1936, cuando estalló la guerra civil, esa costumbre se exacerbó al máximo. No había neutrales en el país: todos eran nacionales o republicanos, franquistas o rojos.” La avenida de Mayo fue, probablemente, el principal escenario de esas disputas. El “Bar Iberia” era el lugar donde se reunían los republicanos, mientras los franquistas tenían su base en “El Español”, en la otra vereda de la avenida. La historia del “Iberia” no se agota en los trágicos años de la guerra española. Sus mesas guardan el recuerdo de figuras como Hipólito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear (por su cercanía con la primitiva sede la Unión Cívica Radical), Federico García Lorca, Margarita Xirgu, Imperio Argentina o Nati Mistral, por mencionar sólo algunas personalidades que representan un abanico que va desde lo político hasta lo artístico. En 2003, Legislatura emplazó una placa en su fachada, declarando la intersección de Avenida de Mayo y Salta como “Esquina de la Hispanidad
Hoy el bar está remodelado y solo conserva de sus comienzos la maquina original de café y  con una antigua picadora de carne.
Los tiempos cambiaron hoy en lugar de reuniones políticas, hay ambiente de levante, prostitutas en general de más de 40 años, después de las 10 de la noche ocupan una mesa y esperan a sus clientes.
Nosotros cenamos una rica tortilla a la española con chorizo colorado, jamón crudo y sándwich de pavita.

LOS ANGELITOS


En la vieja esquina de Rivadavia y Rincón están todavía los ecos del Café de los Angelitos rebotando por su cascarón desnudo.
Lo había fundado, por 1890 con el nombre de Bar Rivadavia un italiano llamado Batista Fazio. Primitivamente fue reducto de malandras y caferatas cuya traducción del lunfa básico corresponde, más o menos, a gente de mal vivir. Verdaderos "angelitos", según la socarrona afirmación del comisario de Balvanera quien, sin saberlo, le estaba dando carta de bautismo a uno de los más populares cafés de Buenos Aires.
Cuando en 1919 lo adquirió don Angel Salgueiro en la suma de setenta y cinco mil pesos, ya habían hecho famosa la esquina las presencias de Gabino -el negro payador del Himno a Paysandú-, Higinio Cazón, José Betinotti, José Razzano, Carlos Gardel, Roberto Cassaux, Florencio Parravicini y los prohombres del socialismo argentino que tenían su Casa del Pueblo cincuenta metros más al oeste por la misma calle Rivadavia.
Cuentan que era frecuente ver llegar a Juan B. Justo, a don Alfredo Palacios -por entonces joven mosquetero de la política con el brillo de haber sido el primer diputado socialista de América-. Sabía recalar también otro de los nombres imborrables que Juan Manuel Gálvez cita entre los amigos y maestros de su juventud: José 'Pepe' Ingenieros.
El anecdotario es inagotable. Fue en el Café de los Angelitos donde una noche de 1917, don Mauricio Goddart -director artístico del sello Odeón- contrató al ya famoso dúo criollo Gardel-Razzano, quienes debutaron en el disco con Cantar eterno y El sol del 25. Y fue también allí donde Carlitos, celebrando una de las victorias de su célebre pingo, Lunático, hizo un convite de puchero corrido que duró hasta el último canto del gallo.
Por 1928 también los radicales caían por el café. Inaugurado el nuevo edificio del Congreso en la esquina de Rivadavia y Entre Ríos, muchos políticos del viejo partido de Alem solían arrimarse a la tertulia con sus adversarios los socialistas. Y en la década del 30 fue el Malevo Muñoz -Carlos de la Púa- el de La crencha engrasada quien supo animar otros encuentros de poetas, periodistas o simplemente manyines que buscaban el garrón de alguna mesa bien servida.
El Café de los Angelitos es un testigo vivo de más de cien años de historia porteña. Por su puerta desfilaron las más destacadas personalidades del ambiente político y artístico del siglo XX, y en sus mesas se escribieron muchas de las páginas que hicieron de Buenos Aires una ciudad que respira tango en cada rincón.
Remodelados a nuevo según un ambicioso proyecto arquitectónico, conformados por dos pisos y un subsuelo, exhiben lujo y distinción hasta en sus más imperceptibles detalles
El Café de los Angelitos ofrece un show de tango de primer nivel internacional, ejecutado por una excelente orquesta de seis músicos, una orquesta de señoritas, dos cantantes y diez bailarines, quienes, durante una hora y treinta minutos, despliegan sobre el imponente escenario un espectáculo único en su tipo.
En uno de los tantos cuados colgados en las paredes decía:
            “Café Los Angelitos”
             Bar de Gabino y Cazón
             Yo te alegré con mis gritos
             En los tiempos de Carlitos
              por Rivadavia y Rincón.
Fuimos una noche al salir del teatro, era tarde y teníamos mucho hambre y nos pedimos estas tapas: salchicha a la diabla- pollo al curry – albóndigas en salsa de mostaza – tortilla de papa – croquetas de jamón crudo – alitas a la milanesa – rabas a la romana y salsa tártara. Tomamos San Felipe Roble.